Cine 3

- 6-06-2013 | Ocendi
La segunda pantalla llega al cine

2 pantalla

Autor: David Vicente Torrico. Máster en Comunicación.

La crisis agudiza el ingenio, y si no que se lo pregunten a Bobby Boermans, director de APP, el primer largometraje en el que los espectadores participan activamente en el desarrollo de la trama a través de su teléfono móvil.

El cine, en consonancia con el resto de industrias, afronta en los últimos años una difícil coyuntura económica, con un notable descenso en las subvenciones, fundamentales para el cine español, una caída en el número de entradas vendidas y un fuerte incremento de las descargas ilegales.

Ante un panorama tan desfavorable, este proyecto holandés presenta un innovador sistema que pretende completar la experiencia del espectador a través de la descarga gratuita de una simple aplicación (App de film) para smartphones, sin necesidad de realizar inversión alguna por parte de la sala cinematográfica ni de incrementar el coste de la entrada.

El argumento de la película sirve de pretexto para que el público interactúe en tiempo real con lo visionado en la gran pantalla. De este modo, cada espectador recibe en su teléfono móvil los mismos mensajes que la protagonista de manera simultánea, jugando así un papel fundamental en la evolución de la trama. Además, la aplicación también dispone de una completa base de datos sobre el reparto, imágenes del rodaje y contenidos multimedia al margen de la narración principal.

Se trata, pues, de una invitación para no apagar el teléfono móvil al acceder a una sala cinematográfica, lo que, probablemente, supondrá un reclamo para el público más joven.

Innovación a coste cero

La industria cinematográfica, desde sus inicios, ha estado involucrada en un constante proceso evolutivo, tratando de aportar al público un mayor grado de satisfacción a través de mejoras técnicas como la incorporación del sonido, del color y, más recientemente, la imagen tridimensional. Estos avances han dado lugar a una nueva forma de entender el cine, tanto en el ámbito de la producción como desde el punto de vista del receptor, y han sido posibles gracias a importantes inversiones económicas.

Es aquí donde reside la principal ventaja que presenta el proyecto de Bobby Boermann, ya que la posibilidad de interactuar en tiempo real con el relato cinematográfico desde el teléfono móvil no supone coste alguno ni para las salas de distribución ni para el espectador. Desde el punto de vista del productor supone una mínima inversión, apoyado en las sinergias de trabajo que permiten otorgar una mayor visibilidad a los contenidos que envuelven al trabajo final, la película.

De este modo, la convergencia tecnológica ha permitido superar la última barrera en el mercado audiovisual, hasta ahora infranqueable, como es la sala cinematográfica.
Este hecho ha sido posible gracias al desarrollo del teléfono móvil inteligente, comúnmente llamado smartphone, que, desde su aparición en el año 2007, se ha convertido en el principal centro de ocio y consumo audiovisual. Su tecnología, basada en la conexión a Internet y el uso de aplicaciones, ha permitido dar el salto del mero instrumento de comunicación inalámbrico al 8º canal de distribución cultural, por detrás de los medios impresos, el cine, radio, televisión, soportes de grabación o la web.

La popularidad de este tipo de terminales es tal que se estima que casi la mitad de ciudadanos europeos y americanos poseen uno, según el estudio Mediascope Europe (IAB, 2012), mientras que la consultora Screen Digest resalta las más de 7.000 millones de aplicaciones descargadas a nivel mundial en el último año, un 95% de ellas gratuitas.

En un terreno tan fértil como éste, la industria del entretenimiento ha apostado por desarrollar nuevas oportunidades de negocio, por el valor añadido que representa para sus productos.

El cine ha sido el último avance en la industria del ocio dentro el mercado de los smartphones, ya que los grandes grupos de comunicación cuentan desde hace años con una importante comunidad de seguidores a través de sus respectivas apps. El éxito de estos programas radica en la posibilidad de que el público pueda participar en tiempo real en votaciones y concursos, ampliar sus conocimientos relacionados con el relato visionado o, un paso más allá: disfrutar de contenidos exclusivos para los usuarios de las aplicaciones partiendo del programa televisado, en lo que se conoce como transmedia.

Se trata, pues, de ofrecer al espectador un producto personalizado, que le permita interactuar de manera voluntaria en su elaboración, aportando una serie de hipervínculos que mejoran la experiencia del usuario.

La brecha digital

Uno de los principales problemas que plantea el uso de la doble pantalla en el cine es precisamente la ausencia de dicha doble pantalla, dado que no es un accesorio incorporado a la entrada de la sala.

Como señalábamos en el punto anterior, la mitad de los ciudadanos americanos y europeos disponen de un teléfono inteligente, lo que significa que la otra mitad quedaría excluida del público objetivo de la película que analizamos.

Este hecho encuentra su razón de ser en la teoría de la brecha digital, que se define como la imposibilidad de las personas para acceder a los beneficios de la sociedad del conocimiento en función de variables socioeconómicas, produciendo una desigualdad.

No obstante, por el momento, el vínculo creado entre la gran pantalla y el teléfono móvil es accesorio, pues aporta información adicional y su carencia no limita el seguimiento de la trama principal.

Se abre una etapa de consolidación

Como en toda innovación tecnológica, el mercado cinematográfico todavía no se ha planteado hasta dónde pueden llegar sus posibilidades de participación a través del teléfono móvil. Esta interacción con el espectador debe pasar, aún, por una fase de aprendizaje y consolidación, que permitan alcanzar la madurez de un proyecto que aún se encuentra en su estado embrionario.

Por ahora, APP es la primera experiencia. De su acogida entre el público dependerá la popularidad de la segunda pantalla cinematográfica.