Artículos

- 30-09-2013 | Elena Medina de la Viña
El cine español en mínimos

cine_espanol

El pasado día 26 de Septiembre los representantes de los productores audiovisuales españoles hicieron públicos los datos recogidos en la Memoria Anual de FAPAE 2012, así como sus peticiones al Gobierno en el sentido de que se pongan en marcha nuevas medidas de financiación para el cine y el audiovisual español.

El marco elegido para dar los deprimentes datos de esta industria no podía ser más simbólico: el Festival Internacional de Cine de San Sebastián (Donostia Zinemaldía), nuestro festival cinematográfico más antiguo, nace en 1953, y uno de los festivales pertenecientes a la prestigiosa categoría de Festivales Internacionales Competitivos (antes denominados como Clase A) y a la que solamente pertenecen 14 festivales en todo el mundo.

En contraste, este marco excepcional sirvió para que los productores dieran la voz de alarma, aunque no es la primera vez que alertan sobre la situación del cine español.

Nuestra producción audiovisual ha perdido en 2012 un 15,1% en facturación y un 12% en empleo, con una previsión de descenso en la facturación de un 20% para 2013, en lo que va de 2013 se están rodando el 50% menos de películas que hace dos años y los espectadores siguen descendiendo en un entorno del 15% aproximadamente.

Mientras tanto, el Fondo Nacional de la Cinematografía para la dotación de las ayudas de la administración al audiovisual español sigue bajando. El estudio del Nuevo Modelo de Financiación del Cine Español puesto en marcha por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en 2012, mediante una Comisión Mixta sobre el Modelo de Financiación del Cine está parada y la prometida Ley de Mecenazgo que, con las desgravaciones fiscales que deben acompañarla, podría suponer un empujón a la inversión privada en el cine, duerme el sueño de los justos; aunque no nos engañemos, estas desgravaciones nunca llegarán a los porcentajes que se barajan en otros países como Francia y Estados Unidos y aunque el Secretario de Estado de Cultura hable de las bonanzas del crowdfunding, no entiendo bien cómo puede convertirse en una opción real más allá de los proyectos de bajo presupuesto. El crowdfunding por sí solo no crea industria. Me parece una opción posible y maravillosa que cada uno de nosotros aportemos, en la medida de nuestras posibilidades, microfinanciación para el proyecto que nos interese, nos enamore o nos parezca merecedor de nuestro apoyo por el motivo que sea, pero ya está, es sólo una aportación.

Y seguimos a vueltas con que si el cine debe ser subvencionado o no; en este país casi todo está subvencionado: ayudas para el Fomento de la competitividad en la Industria Farmacéutica, ayudas para el Programa de Extensión de la Banda Ancha de Nueva Generación, apoyo a redes de “business angels” en el marco de las PYMES, Plan Emprendetur de Jóvenes Emprendedores del sector turístico, apoyo a las Agrupaciones Empresariales Innovadoras, Ayudas a las asociaciones de empresarios y comerciantes para actividades de promoción empresarial y comercial… pero las únicas discutidas son las subvenciones al audiovisual.

Está claro que la subvención no es la única posibilidad de financiación del cine y esto lo saben bien los productores que buscan otros modelos de financiación, otras fórmulas para llevar a delante los proyectos porque, querámoslo o no, estamos en un momento de cambio y el actual modelo tendrá que reformularse y quizás nos tengamos que plantear la industria de otra manera en todas sus áreas: producción, distribución y exhibición. Pero ya vemos que el Ministerio se lo toma con calma, esta industria no debe parecerle prioritaria, ya que a todo esto debemos añadirle el IVA cultural: la subida del IVA de las entradas de cine y otros espectáculos al 21% ha sido un mazazo difícil de superar no sólo por el cine, sino también por otros sectores culturales como el teatro, las galerías de arte, etc. Más aún cuando echamos una mirada a los países de nuestro entorno y vemos que soportamos el IVA más alto de la Eurozona; sirvan como ejemplo Alemania que tiene un IVA del 7% en las entradas de cine y Francia que lo bajará del 7 al 5% en 2014.

Esta situación está llevando al cierre de salas y al cese de actividad de empresas distribuidoras, como la tristísima noticia del cierre de Alta Films, que sólo conservará cuatro salas entre Madrid y Barcelona: Renoir Princesa, Renoir Plaza de España, Renoir Retiro, y Renoir Floridablanca; Alta Films y los Cines Renoir fueron para muchos de nosotros el faro del cine de autor, de la versión original y de todas esas películas que nunca podremos ver en las multisalas de los centros comerciales.

Además, la fuerte bajada de recaudación tras la subida del IVA está dificultando la obligada reconversión digital de las salas que debe completarse en 2014 y que supone unos 70.000 € por pantalla; es la puntilla para algunas, como ya está ocurriendo con muchas salas de localidades pequeñas: Pontevedra, Tarragona, Jaén, Soria y Avilés ya se han quedado sin cines en sus centros urbanos; me duele especialmente el cierre de los cines Marta de Avilés: la Cadena Clarín, empresa exhibidora asturiana, se fundó en 1978 y en su página web podemos leer: “las principales características de la empresa son la situación de sus cines, siempre en el centro de las ciudades, y su programación cinematográfica. Dicha programación intenta combinar el cine de autor menos comercial, con los grandes estrenos”; pues ya no, los centros de las ciudades se están quedando sin cines; en estas salas se han exhibido cortometrajes, se han realizado ciclos y maratones, y son una de las sedes del Festival Internacional de Cine de Gijón. Esta cadena llegó a gestionar los Multicines Clarín de Oviedo (3 salas), los Brooklyn de Oviedo (7 salas), los Cines Hollywood en Gijón (4 salas), los Multicines Marta de Avilés (4 salas) y los Cines Centro de Gijón (5 salas), los únicos que quedan. También sabemos que la cadena Cinebox está en suspensión de pagos…esto parece que no tiene fin.

Esta situación nos lleva a una pérdida cultural, a una pérdida de la diversidad, porque si los cines se concentran en los grandes centros comerciales la tendencia será hacia un cine exclusivamente comercial. También es una pérdida de empleo con mayúscula, porque además del paro de los actores y actrices, directores y directoras y los profesionales más conocidos del cine, este arte-industria, lo forman también los eléctricos, carpinteros, pintores, encargados de la taquilla, personal de limpieza de las salas y muchos más.

Y sin embargo, por la Memoria Anual de la FAPAE sabemos que las ventas internacionales de la producción audiovisual española en 2012 se incrementaron un 13,2% en su conjunto y que el cine español recauda en el mercado exterior un 25,5% más que en las salas nacionales; por las revistas especializadas como Caimán Cuadernos de Cine nos enteramos de que nuestros jóvenes directores y directoras están presentes en los festivales de Locarno, Karlovy Vary, San Sebastián, Shanghai, Toronto, Valladolid, Sevilla o en el BAFICI de Buenos Aires; pues entonces, la crisis económica no afecta a la creatividad y a la realización de buenos y variados productos cinematográficos.

También conocemos iniciativas ciudadanas que de alguna forma vuelven a modelos que nos recuerdan a los antiguos Cine Clubs: ante el cierre de las únicas salas de cine en versión original de Palma de Mallorca, como consecuencia del cierre de los Cines Renoir, un grupo de ciudadanos forman una asociación que les permite mantener el cine abierto con el nombre de CineCiutat; en Madrid se crea la Asociación Cines Zoco Majadahonda, también en otras antiguas salas Renoir. Otros, mantienen o crean pequeñas salas contra viento y marea, como el Pequeño Cine Estudio o la sala Artistic Metropol, ambas en Madrid; también la distribución busca formas alternativas y se inventa una distribución a pequeña escala, con la presencia del director o directora en las sesiones para crear evento.

Si todo esto no merece un apoyo es que, simplemente, no se quiere ver. Y si es cierto lo que publica Carlos Prieto en la edición del 18 de septiembre de El Confidencial, donde afirma que “En 2012 el Estado español ingresó –del cine español- aproximadamente 26,6 millones de euros más de lo que gastó. Y en 2013, si se cumple el 15% de caída en taquilla, la cifra se ampliará hasta alcanzar los 70,4 millones de euros”, es aún más grave, porque entonces lo que a nuestro Gobierno le interesa de nuestro cine es la simple y pura recaudación.

Para cerrar estas reflexiones me parece oportuno señalar un fragmento de primer párrafo (Preámbulo) de la Ley 55/2007, de 28 diciembre, del Cine:

“La actividad cinematográfica y audiovisual conforma un sector estratégico de nuestra cultura y de nuestra economía. Como manifestación artística y expresión creativa, es un elemento básico de la entidad cultural de un país. Su contribución al avance tecnológico, al desarrollo económico y a la creación de empleo, junto a su aportación al mantenimiento de la diversidad cultural, son elementos suficientes para que el Estado establezca las medidas necesarias para su fomento y promoción, y determine los sistemas más convenientes para la conservación del patrimonio cinematográfico y su difusión dentro y fuera de nuestras fronteras”.